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lunes, 9 de enero de 2012

Desciende la mortalidad por cáncer

Las muertes por cáncer siguen su tendencia a la baja, con un descenso anual del 1,8% para los hombres y un 1,6% para las mujeres en EEUU, entre 2004 y 2008. Estas son las cifras del informe anual de la Sociedad Americana del Cáncer, que arroja, sin embargo, algunos datos preocupantes como el aumento de la incidencia de algunos carcinomas.

El documento, publicado en 'CA: A Cancer Journal for Clinicians', se ha elaborado a partir de varias bases de datos que recogen información relativa al cáncer en EEUU. Entre las cifras a destacar está el descenso de la mortalidad, que entre 1990 y 2008 ha caído un 22,9% en los hombres y un 15,3% en las mujeres.

También subraya la caída de la incidencia del cáncer. A pesar de que el número total de casos aumenta -igual que la población-, entre 2004 y 2008 la incidencia disminuyó un 0,6% anual en varones mientras que entre las mujeres se mantuvo estable. Sin embargo, algunos tipos de cáncer aumentaron, como el de hígado, tiroides, páncreas, riñón, esófago y el melanoma. Las razones "no se conocen con exactitud", aunque en parte podría explicarse por "la obesidad" creciente de la población y por un "mejor diagnóstico precoz", apunta el trabajo.

jueves, 5 de enero de 2012

Alimentos que previenen el cáncer

Está científicamente comprobado que las células cancerígenas se “alimentan” de glucosa como fuente de energía para crecer. De ahí que pueda inferirse que reducir la ingesta de calorías no sólo ayudará a mantener un peso saludable, sino que, además, será la mejor prevención contra los diferentes tipos de cáncer. Los sí y los no de la dieta

En 1944 un investigador llamado Otto Warburg demostró que las células cancerígenas usaban solamente glucosa como fuente de energía para crecer y, que eran incapaces de usar proteínas, grasas y cuerpos cetónicos (moléculas que proceden del metabolismo de las grasas), a diferencia de las células normales.

Este descubrimiento merece ser divulgado y no guardado en un cajón dado que es una de las maneras de protegerse del cáncer -al mismo tiempo- de prevenir la obesidad.

Hay una asociación directa entre el peso corporal y el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer, ambas son patologías muy frecuentes y ejercen un alto impacto en la sociedad.

Tanto la obesidad, como los alimentos refinados compuestos de harinas y azúcares producen ciertos cambios endócrinos que podrían ser responsables de la aparición de cáncer de próstata, cáncer de mama y cáncer de colon.

Las células normales de nuestro cuerpo, nuestros músculos, corazón, los huesos, son tan eficientes que pueden vivir, multiplicarse y cumplir todas sus funciones recibiendo la energía desde las proteínas como las carnes (vacuna, porcina, pescado, aves), la clara del huevo y las legumbres (lentejas, porotos, garbanzos, arvejas).

Si comemos una porción de carne magra con ensalada, o una porción de revuelto de arvejas con huevo estamos alimentando la estructura de nuestro cuerpo para que crezca porque estos alimentos son pura proteína, con bajo porcentaje de glucosa. Las células normales pueden utilizar las proteínas para extraer energía, además de cumplir la función de estructura. Una célula cancerígena no puede hacer esto, ya que es tan inmadura que no tiene la capacidad suficiente para transformar una proteína (cuya función principal es ser estructura) en glucosa, cuya función principal es dar energía.

La célula cancerígena sólo utiliza la glucosa (azúcar blanca, miel, arroz blanco, papa, pastas de harina blanca) a una velocidad 100 veces mayor que cualquier célula normal del cuerpo para poder vivir y multiplicarse, porque su nivel de multiplicación es mucho más veloz que el de las células normales.

Si una persona tiene cáncer y le damos alimentos que se transforman rápidamente en glucosa será tomada por la célula cancerígena mucho más rápido y con mayor avidez que las células normales, produciendo su crecimiento y su mayor multiplicación.

Por otro lado, experimentos que se hicieron en animales e incluso en el ser humano acerca de la “restricción calórica”, demostraron que previene el cáncer, el sobrepeso y la epidemia de enfermedades cardio y cerebro vasculares.

La “restricción calórica” es la disminución de las calorías totales que se consumen y se logra por medio de la ingesta de alimentos necesarios para el crecimiento de un niño, con todas las proteínas, los minerales y las vitaminas que son esenciales, pero eliminando las calorías que derivan de los hidratos que se absorben con mucha rapidez, como los cereales refinados (harina blanca, arroz blanco, avena extrafina, maíz refinado y azúcares, los dulces y la papa).

Sacar las calorías que proceden de las harinas, los dulces, el arroz blanco y la papa, previene el sobrepeso, dado que la única hormona que sintetiza grasa es la insulina, y al no estimular esta hormona se disminuye la producción de grasa. Estos alimentos refinados son los más fuertes estimuladores de la insulina.

La restricción calórica, que es el mecanismo fisiológico para mantener un peso saludable, no requiere de una balanza, pero es esencial el equilibrio de la química cerebral y el contacto con uno mismo para saber lo que el cuerpo está necesitando.

¿Por qué es tan importante mantener la insulina normal o baja antes y después de una comida a lo largo de la vida?

Porque la insulina es la única hormona que introduce la glucosa de los alimentos dentro de las células. Comer un exceso de dulces o fideos estimula la insulina a niveles muy altos que exceden la función de introducir la glucosa en las células por lo que ésta se encargará de producir grasa a partir de estos alimentos como mecanismo fisiológico pero que lo transformamos en nocivo por los hábitos de vida (consumismo).

Por otro lado, la misma insulina alta que tiene el 70% de la población de los EEUU, estimula el crecimiento de células cancerígenas. Está demostrado que la insulina estimula una enzima que aumenta la proliferación del cáncer llamada tirosinakinasa.

Por esta razón hay una relación directa entre la obesidad y el cáncer de mama, próstata, útero y colon.

Por contrapartida, la restricción calórica, o sea, comer saludablemente carnes, legumbres, clara de huevo, frutas y verduras mejoró el pronóstico del cáncer de próstata con evidencias científicas al disminuir el tamaño de este tumor.

El índice glucémico es un valor que usan los médicos para saber cuándo un alimento sube mucho o poco la glucosa en la sangre y también, paralelamente, subirá la insulina.

Es muy bueno para prevenir el cáncer y la obesidad comer alimentos con índice glucémico bajo, como son: las lentejas, porotos, garbanzos, arvejas, verduras, nueces, carnes, huevo y frutas, porque estos alimentos ya tienen probado que no suben rápidamente la glucosa en la sangre, y por lo tanto no estimulan la insulina evitando el aumento de grasa y también evitando la posibilidad de crecimiento de la célula cancerosa.

Establecer la costumbre de comer sanamente y hacer actividad física es indispensable para evitar el exceso de peso y la obesidad. Un descenso de tan sólo un 5 o 10% del peso total puede proporcionar incontables beneficios para la salud, como lograr bienestar tanto físico como psíquico, y también proteger de graves patologías, como el cáncer.

Carne Roja aumenta riesgo de cancer de riñon

Las personas que comen mucha carne roja podrían tener un riesgo más alto de sufrir algunos tipos de cáncer de riñón, según un estudio estadounidense llevado a cabo entre miles de adultos.


Los investigadores que escribieron sus resultados en la publicación American Journal of Clinical Nutrition hallaron que los adultos de mediana edad que comían más carne roja tenían un 19 por ciento más de probabilidades de sufrir un cáncer de riñón que quienes comían menos.


La ingesta mayor de químicos que se ha hallado en la carne a las brasas también se vinculó con un riesgo mayor de la enfermedad.


“Nuestros hallazgos apoyan las recomendaciones dietéticas para la prevención del cáncer: limitar la ingesta de carne roja y procesada y preparar la carne por métodos como el horno y la plancha”, dijo la investigadora jefe Carrie Daniel, del Instituto Nacional del Cáncer.


Estudios previos que examinaron el vínculo entre la carne roja ay el cáncer de riñón llegaron a conclusiones mixtas, por lo que Daniel y sus colegas usaron los datos de un estudio entre unos 500.000 estadounidenses de 50 años o más para hacerse con otra idea al respecto.


El grupo fue encuestado sobre sus hábitos alimenticios, entre ellos el consumo de carne y luego les siguió durante una media de nueve años para estudiar cualquier diagnóstico de cáncer.


Durante ese tiempo, unos 1.800 de ellos – menos de medio punto porcentual – fueron diagnosticados de cáncer de riñón. De media, los hombres que participaron en el estudio comieron entre 57 y 85 gramos de carne roja al día, frente a los 28 a 57 gramos de las mujeres.


Los participantes con un mayor consumo – unos 113 gramos al día – tuvieron un 19 por ciento más posibilidades de padecer un cáncer de riñón que quienes ingerían menos de 28 gramos al día.


Ese resultado se dio tras tener en cuenta otros aspectos de la dieta y el estilo de vida que podrían haber influido en el riesgo de cáncer, como la edad, la raza, el consumo de fruta y verdura, el tabaquismo y el consumo de alcohol, y otras circunstancias médicas como una tensión alta y la diabetes.


El estudio no demuestra que comer carne roja, o cocinarla de una manera concreta, cause cáncer de riñón. Y, según Mohammed El Faramawi, epidemiólogo del Centro de Ciencias de la Salud de la universidad del Norte de Texas en Fort Worth, algunas personas que comen mucha carne roja nunca desarrollarán cáncer de riñón, mientras que otros que apenas la pruebas sí que tendrán.


“La carne roja es una fuente importante de hierro, tiene proteínas”, dijo El-Faramawi, que no participó en el estudio, señalando que comer una cantidad limitada cuando se siguen unas guías dietéticas es una buena idea.


“No deberíamos dejar de comer carne roja porque haya una asociación entre la carne roja y el cáncer renal”. Daniel dijo que son necesarios más estudios para averiguar por qué comer carne roja está vinculado con algunos cánceres pero no con otros.


Pero por ahora, indicó, los químicos relacionados con la forma de cocinar la carne pueden reducirse limitando el tiempo que se cocina la carne, evitando la exposición directa de la carne a la llama o en una superficie metálica caliente, y usando el microondas para cocinarla parcialmente antes de someterla a temperaturas altas. Reuters


 

miércoles, 4 de enero de 2012

Carne Roja aumenta riesgo de cancer de riñon

Las personas que comen mucha carne roja podrían tener un riesgo más alto de sufrir algunos tipos de cáncer de riñón, según un estudio estadounidense llevado a cabo entre miles de adultos.


Los investigadores que escribieron sus resultados en la publicación American Journal of Clinical Nutrition hallaron que los adultos de mediana edad que comían más carne roja tenían un 19 por ciento más de probabilidades de sufrir un cáncer de riñón que quienes comían menos.


La ingesta mayor de químicos que se ha hallado en la carne a las brasas también se vinculó con un riesgo mayor de la enfermedad.


“Nuestros hallazgos apoyan las recomendaciones dietéticas para la prevención del cáncer: limitar la ingesta de carne roja y procesada y preparar la carne por métodos como el horno y la plancha”, dijo la investigadora jefe Carrie Daniel, del Instituto Nacional del Cáncer.


Estudios previos que examinaron el vínculo entre la carne roja ay el cáncer de riñón llegaron a conclusiones mixtas, por lo que Daniel y sus colegas usaron los datos de un estudio entre unos 500.000 estadounidenses de 50 años o más para hacerse con otra idea al respecto.


El grupo fue encuestado sobre sus hábitos alimenticios, entre ellos el consumo de carne y luego les siguió durante una media de nueve años para estudiar cualquier diagnóstico de cáncer.


Durante ese tiempo, unos 1.800 de ellos – menos de medio punto porcentual – fueron diagnosticados de cáncer de riñón. De media, los hombres que participaron en el estudio comieron entre 57 y 85 gramos de carne roja al día, frente a los 28 a 57 gramos de las mujeres.


Los participantes con un mayor consumo – unos 113 gramos al día – tuvieron un 19 por ciento más posibilidades de padecer un cáncer de riñón que quienes ingerían menos de 28 gramos al día.


Ese resultado se dio tras tener en cuenta otros aspectos de la dieta y el estilo de vida que podrían haber influido en el riesgo de cáncer, como la edad, la raza, el consumo de fruta y verdura, el tabaquismo y el consumo de alcohol, y otras circunstancias médicas como una tensión alta y la diabetes.


El estudio no demuestra que comer carne roja, o cocinarla de una manera concreta, cause cáncer de riñón. Y, según Mohammed El Faramawi, epidemiólogo del Centro de Ciencias de la Salud de la universidad del Norte de Texas en Fort Worth, algunas personas que comen mucha carne roja nunca desarrollarán cáncer de riñón, mientras que otros que apenas la pruebas sí que tendrán.


“La carne roja es una fuente importante de hierro, tiene proteínas”, dijo El-Faramawi, que no participó en el estudio, señalando que comer una cantidad limitada cuando se siguen unas guías dietéticas es una buena idea.


“No deberíamos dejar de comer carne roja porque haya una asociación entre la carne roja y el cáncer renal”. Daniel dijo que son necesarios más estudios para averiguar por qué comer carne roja está vinculado con algunos cánceres pero no con otros.


Pero por ahora, indicó, los químicos relacionados con la forma de cocinar la carne pueden reducirse limitando el tiempo que se cocina la carne, evitando la exposición directa de la carne a la llama o en una superficie metálica caliente, y usando el microondas para cocinarla parcialmente antes de someterla a temperaturas altas. Reuters


 

 
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